Nuevos estándares ecológicos

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Es una realidad que los productos ecológicos, en medio de una gran crisis que se deja notar en todos nuestros hábitos de consumo, están siendo cada vez más demandados en nuestro país. Estamos muy lejos de la demanda de países vecinos, pero no hay quien pare la creciente demanda de productos ecológicos, lo cual también se nota en el campo donde cada vez más agricultores ven interesante convertirse a la agricultura ecológica como opción de futuro.

Lamentablemente esta situación también puede llevarnos a olvidar los principios de esta forma de producción, o al menos algunos de ellos. Grandes empresas ‘ecológicas’ se están haciendo con el monopolio, poniendo precios en ocasiones abusivos y comportándose de forma no muy distinta a como lo harían, y lo terminarán haciendo, grandes cadenas de alimentación.

Qué duda cabe que habrá un día… en que encontrar productos ecológicos estará al alcance de cualquiera, en cualquier supermercado, en cualquier gasolinera… tendremos productos con sello ecológico. Pero quizá en ese momento nos habremos olvidado del primer eslabón de la cadena de producción: el productor o la productora ecológicos que sudan y sufren el día a día de la tierra, del barro y del agua.

Es evidente que si una lechuga ecológica está en la tierra 4-5 semanas y una convencional con 2 tiene bastante… el precio no puede ser el mismo, sólo pensando en la ocupación de la tierra… ya debería ser el doble, como el de un pollo convencional que se cría acinado en granjas y que en menos de un mes puede estar listo para el matadero y uno ecológico que necesita más de dos meses para alcanzar sus más de 3 kilos de peso.

El comercio justo, siendo un sistema bien diferente al ecológico, tiene principios que comparten y otros que deberían ir de la mano. Es una realidad que hoy casi todos los productores de comercio justo están produciendo de forma ecológica, algo que ha llegado de forma natural y no impuesta, pues aquel agricultor o agricultora que valora su trabajo y que quiere vivir él y sus hijos del campo… necesariamente tiene que producir de forma ecológica. Pues bien, el principio básico del comercio justo es el precio digno que el agricultor recibe por su trabajo, un precio que se considera ajustado para llevar una vida digna y que nunca baja de un precio mínimo garantizado. Quizá es un principio que deberíamos introducir en la agricultura ecológica. Porque no importa si el producto me llega por medio del Corte Inglés, o Bio Bio Zaragoza, no importa que me lo venda Carmelo o Gumendi, al final… debería garantizar los principios de la ecología, desde luego, pero también el respeto a los agricultores y agricultoras, a los hombres y mujeres que están detras de cada uno de los productos.

Hace poco leíamos que la mayoría de los consumidores de productos ecológicos estarían dispuestos a pagar más por los productos si se garantizaran los principios que hay detrás de los productos… pues bien, mucho más dispuestos estarían si supiéramos también que los primeros responsables de los productos que compramos… reciben salarios dignos en las circunstancias sociales en las que se encuentren.

Quizá Ecología y Comercio Justo tengan mucho más que ver de lo que parece.

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