¿Esperábamos este verano?

Todos esperábamos este verano. El primero después de la estresante, angustiante y maldita pandemia que sobre todo ha separado a muchos, ha distanciado a todos y ha ensombrecido el ambiente… Pero qué cosas tiene la vida que este está siendo el verano de la guerra, el verano de la crisis, el verano de la inflación, el verano en el que movernos nos va a salir más caro, el verano en el que hasta el placer y la diversión parecen habernos dado un poco la espalda.

Todos tenemos ganas de salir, algunos incluso han podido ahorrar algo durante unos años en los que en casa entraba un salario fijo pero no se podía salir, ni viajar, ni disfrutar…. Pero al mismo tiempo vemos como muchos cercanos, conocidos, amigos o familiares han salido mal parados, más pobres, más solos, más miedosos, más escépticos, más individualistas… síntomas claros de haber vivido una pandemia global.

Este verano, otro más, será recordado por muchos que comparten sus vidas con algún refugiado ucraniano, por muchos que han iniciado su nueva vida en un país como el nuestro después de haber sobrevivido a una valla o a una patera, por muchos que llegaron como turistas para quedarse en un país que de alguna manera les abre los brazos….

Verano al sol….


Pero este verano también será recordado por los agricultores como uno de los más calurosos, más dañinos para el campo, más duros para quien espera y confía en la madre tierra, un verano lleno de extremos de un cambio climático que ya nadie puede negar. El campo está sufriendo y con él muchas familias que quieren seguir ligadas a una tierra que, ahora que en el este de Europa se vive en guerra, se hace más necesario que nunca.

Un verano diferente, deseado, esperado, soñado, programado, calculado, mimado… un verano como no ha habido otro igual. Un verano especial para casi todos, sobre todo esos mayores que se han visto tantas veces al borde de un abismo que se dibujaba con técnicas de hiperrealismo.

En este verano tan diferente, queremos recordaros lo importante que es nuestra alimentación y lo importante que es decidir cómo, dónde y de quién alimentarnos y fiarnos para seguir defendiendo el campo, sus gentes, sus emprendedores… no cuesta tanto procurar hacer de nuestros actos cotidianos actos de solidaridad y cercanía con aquellos hombres y mujeres que se deja la piel sin salir casi nunca de la clase baja,  para que todos podamos vivir cada día un poco mejor, un poco más felices y un poco más sanos.

El verano puede y debe ser un momento de lucha, de compromiso y de decisiones que coloquen nuestro mundo en un lugar mejor y a nosotros también.

¿Realmente todos esperábamos este verano?